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Con Música en el Alma.

Always Asker

Copyright 2017



El espectáculo ha estado planeado por semanas y Drew y tú habéis practicado cada tarde desde el momento en que los últimos arreglos fueran hechos. Tardes en las que tus sentimientos hacia ella, al principio más una atracción física por una persona que no alcanzaba del todo la categoría de amiga, no hicieron más que aumentar en intensidad y cambiar de rumbo hasta llegar al estado actual.


Nunca antes has estado tan bella y nunca antes te has sentido como una estrella, y es todo invisible para ella. Le cantas una canción de amor a voz de cuello mientras ella la toca en el piano con la desenvoltura de la práctica. Pero aunque la miras al hacerlo y también piensas en ella, a Drew no parece ocurrírsele que algo haya cambiado entre vosotras, parece asumir que si en las últimas semanas estuvisteis hablando con más fluidez y os mirabais a los ojos al hacerlo solo se trataba de un acercamiento natural causado por compartir una experiencia musical.


Y en parte es eso, la música lo es todo para ti y ahora comprendes que es la forma más sencilla de llegar a tu corazón y lamentas haber sido tan descuidada al abrir tu alma a la vez que atesoras este sentimiento.


Te preguntas si cuando esta experiencia termine también acabará esta nueva faceta de vuestra relación, te preguntas si el mundo regresará a la normalidad y dejarás de asociarla con el verbo besar y cualquier palabra de la familia léxica de amor.


No puedo vivir sin ti, no puedo seguir así, diciendo siempre que sí…


Has amado cantar, algo que es bastante natural en los humanos, desde aun antes de aprender a hablar. Lo que es excepcional es que has sido agraciada con una voz que no solo es bella a tus oídos, un fino oído que te permite imitar tonalidades y unos padres lo bastante despiertos como para enviarte a clases de canto y violín.


Quisiera poder mentir, fingir que esto no está, que no quiero nada más…


Quisieras, una parte de ti quisiera que bastara con su amistad, estás bastante segura de que vuestro gusto por la música os permitiría establecer una amistad intensa e intima del tipo que nunca has conocido. Pero a otra parte de ti te dan ganas de llorar ante la intensidad de los sentimientos que no puedes demostrar, y a esa misma parte le aterroriza la idea de demostrarlos y perderlo todo.


No hay una salida, estoy por siempre perdida… Eres mi faro y la razón de mi desamparo…


Sueño que verás como te miro y aceptarás estar conmigo… Sueño y soñando así respiro…


La canción acaba con un sentido aplauso, cuando por fin miras al público para hacer una reverencia ves algunas personas sonriendo, mirándoos encandiladas y el pecho se te hincha de orgullo al responderles con una brillante sonrisa. Tu sonrisa flaquea cuando te vuelves a mirarla pero te esfuerzas y enseguida recupera su anterior resplandor, o eso esperas.

Drew te devuelve la sonrisa y se acerca a ti, según la rutina os corresponde hacer una segunda reverencia juntas, pero no llegas a colocarte de cara al público antes de que sus brazos te rodeen y te aprieten contra su cuerpo en una muestra de afecto inusual viniendo de ella. Intentas disimular tu pulso acelerado y le devuelves el abrazo con la mayor naturalidad que puedes.


Cuando te suelta y encuentra tu mirada, no parece ver lo que tú estás segura se refleja claramente en ella y una vez más comprendes la verdad de que no hay más ciego que el que no quiere ver.


Os inclináis y te esfuerzas por perderte en el orgullo y la alegría de los aplausos y en los pedidos de una repetición. Drew se inclina y te pregunta si quieres cantar otra canción, tú aceptas porque te gusta verla tan feliz y porque cualquier excusa para sumergirte en la emoción contenida en la perfecta conjunción de letra y melodía es bienvenida. Le preguntas cuál y te sorprende su respuesta, pero conoces la letra y la melodía lo bastante bien y asientes. Una mirada al jefe del establecimiento os confirma que está de acuerdo.


Drew empieza a tocar y en el momento adecuado, tú comienzas a cantar. Siempre te olvidas lo maravilloso que es alzar la voz para gritar una idea, una historia, un sentimiento; Lo increíble que es sentirse grande solo por dejar que el alma se te escurra entre los labios, hasta desgañitarse. Cuando cantas te enorgulleces de quien eres, incluso de las cosas malas y de las que no son perfectas o adecuadas. Cuando cantas amarla profundamente no parece un error, ni un desatino ni destino, solo algo que tú misma has escogido porque puedes ver como la misma magia que te llena, te vacía y te libera baila con sus dedos blancos.


Está canción habla, a diferencia de la anterior, del amor que se grita a los cuatro vientos, del tipo de amor por el que se renuncia a todo, el tipo que causa tragedias y crea mitos. En la vida podría parecer irreal pero en una canción todo se hace verdadero.


No me importa si está mal, no me importa si se van, voy a decir la verdad, diré que te quiero y te querré mientras pueda respirar.


Sigues mirando a Drew, no quieres capturar la mirada de nadie en el público y ella, demasiado concentrada tocando como para prestar atención a tu expresión, no notará que no solo miras en su dirección sino que la miras a ella y a ella le cantas.


Que te quiero, en este instante, y probablemente, eternamente.


Drew no podría acercarse más al estereotipo de pianista, lleva un vestido corto y blanco, zapatos y medias a juego, su lacio cabello rubio esta cortado por debajo de un mentón tan delicado como el resto del rostro, sus manos se parecen tanto a palomas como las manos humanas posiblemente pueden parecérseles y se mueven hábiles pero con reverencia por sobre el teclado.


Que no puedo ser distante y olvidarme de tus ojos mirando tiernamente.


Cuando al final de esa frase alza la vista del teclado por un segundo y encuentra tu mirada tu corazón parece tropezar. Te recuperas, aunque no es una canción que hayas ensayado, sabes bien como tragarte cualquier cosa, enterrar cualquier distracción en medio de un recital.


Diré la verdad, aceptaré que si he de morir alguna vez prefiero antes saber lo que es vivir.


Pero ni todo tu talento ni todas tus prácticas alcanzan en este momento, cuando nuevamente Drew te busca los ojos y sonríe. Es afortunado que decida sumársete en la siguiente estrofa porque tu voz se rompe a la mitad.


No callaré ya más, no volveré a inventar motivos para no estar.


La voz de Drew no es nada como la tuya, no posee la intensidad en parte natural y en parte entrenamiento ni la resistencia, pero sobre todo, mientras que tu voz es espesa y envolvente, la suya al cantar es agudamente preciosa como la de una niña en un coro.


No volveré a asentir cuando me exijan amar en nombre del porvenir.


La combinación es impresionante, no sabes bien como vuestros cantos están perfectamente coordinados y su voz, no tan constante, se superpone con la tuya en ciertos momentos más que en otros, pero no importa cómo, el efecto es hermoso y sentido.


No quiero un mañana si no es por ti…


El público parece notarlo también porque rompe en aplausos otra vez. Te inclinas y piensas que te gustaría ser capaz de decir la verdad, de gritarla con ese orgullo que parece escapársete cuando la música acaba. Te gustaría tener el valor para cantar tus propias canciones y hacerte cargo de las contradictorias pasiones que te hacen quien eres. Pero es un deseo vano y no la realidad, la realidad es que no te atreves a comprobar si su mirada y su actuación pueden hacer tus sueños verdad y que mientras más la quieras más miedo te dará arriesgar la estabilidad de esa ficticia amistad por algo más.


Llevas música en el alma y ni siquiera Drew comprende que cuando cantas no siempre es ficción y que la pasión en tu voz al mirarla no es parte de la actuación.


No encuentras entonces y probablemente nunca encontrarás, otra forma de ser completamente sincera y no es la mejor excusa para tu cobardía pero la música es tu vida, el aire que respiras, la sangre que te corre por las venas, los pasos dados y los planeados, lo que escribes y lo que lees, la música es la sed y el dolor, está en tus movimientos sin importar su objetivo y en tu expresión al negar o asentir.


Si tienes alma en absoluto la música debe poseerla.


Quizás, supones observando a Drew, rodeada de un grupo de admiradores al otro lado de la habitación, si una ama a la música con todo el alma, no le queda lugar para ningún otro amor.


Una parte de ti espera que sea así; otra, llora porque no.

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Sobre la autora: Always Asker nació en Buenos Aires y ha emigrado en exceso. Empezó a escribir cuando se le acabaron los libros para leer pero cuando hubo más libros, le surgieron más preguntas así que ahora no tiene más remedio que seguir escribiendo para responderlas. Vive en Londres, donde enseña inglés y estudia italiano y lengua de señas británica (que no es la misma que la estadounidense, mucho menos la española o Argentina!).

Otros libros de Always Asker


Bella Despierta: La bella durmiente sólo despertará con un beso de amor verdadero. Sin embargo, un amor capaz de tal azaña no es común y no viene sin un precio. Dormida la bella sólo tiene un problema, pero despierta...


Bella Despierta


Coriander tiene quince años cuando por fin la nombran doncella de la princesa. Bella la abraza y anuncia que ahora podrán hacer lo que les plazca todo el día. Cuando Coriander pregunta cómo su amiga le explica que su doncella personal sólo tiene que ocuparse de mantener sus habitaciones en orden y que si Bella no las desordena y no las usa durante todo el día, entonces prácticamente no tendrá más trabajo que hacerle compañía.

El primer día es genial pero las cosas no salen tan perfectamente como la princesa espera. La realidad es que, por muy buena voluntad que tenga, Bella es una princesa y no tiene por costumbre ser considerada con la gente que tiene que arreglar sus desastres. A Coriander no le corresponde lavar su ropa porque para ello debería dejarla sola y acercarse al río pero se espera que utilice el tiempo en que no está sirviéndola directamente limpiando y ordenando sus amplios aposentos. Bella insiste en que da igual si el suelo brilla o no, que los almohadones y sabanas no tienen que ser sacudidos y otro tipo de absurdidades. Coriander insiste que todo eso debe estar hecho y que con la mañana le bastara y a la tarde podrán hacer lo que Bella quiera. Bella hace pucheros pero acaba por ceder y echarse en uno de sus sillones a observar. A Coriander no le importa mucho, la verdad, le gusta estar con Bella aun cuando no están haciendo nada juntas, o, en caso de su amiga, nada en absoluto. Pero cuando es el turno de sacudir el sofá en que está y se la encuentra dormida si es un poquito molesto, o sería, si Bella dormida no fuera tan encantadora, tan tranquila cuando normalmente es incapaz de permanecer quieta. Coriander le acomoda la cabeza para que esté cómoda y sigue ordenando la habitación.

* * * *

A la princesa Bella le dan ese nombre porque ni Buena ni Obediente son nombres femeninos y sus padres son reyes, no artistas, y lo único que buscan con el nombre es no ofender a nadie y que sea lo bastante “digno”. No les va muy bien con lo de “no ofender a nadie” pero Bella nunca tiene quejas sobre la dignidad de su nombre (posiblemente porque la que le falta a su comportamiento es más relevante), así que tampoco se puede decir que lo hagan tan mal. Los monarcas, después de todo, también son padres primerizos.

Bella no se llama Bella porque eso es lo único que se espera que sea. La belleza, aunque un atributo ciertamente útil a la hora de casar a una mujer, es secundaria a la sumisión y los buenos modales y todas esas cosas que se da por sentado que la princesa poseerá. Además, es una princesa e hija única y por tanto viene con una corona incluida, una corona por la que muchos hombres se casarían con la más malvada de las brujas. Con una buena educación es inconcebible que una joven pueda no ser todo lo que se espera de ella. Después de todo es tan fácil ser mujer, tan poca responsabilidad, ¿quién podría encontrarlo difícil? Las mujeres no hacen nada, no dirigen el país ni ponen el pan sobre la mesa y si son realeza ni siquiera tienen que educar a sus hijos, así que, ¿Por qué habrían de quejarse o siquiera estar descontentas?

Cuando en el fondo de sus corazones todas las jóvenes del país sueñan con ocupar sus zapatos, de la misma forma que todos los hombres y mujeres aspiran a ocupar los de sus padres, ¿Qué más podría desear ella?

Bella está segura de que su “princesidad” no la convierte en alguien absolutamente común y aburrido (es decir, común y aburrido como la nobleza con la que se codea) pero aprecia que se lo confirmen. A Coriander esto se le da increíblemente bien, quizás porqué realmente lo cree. Coriander es hija del jardinero del palacio que ocupa la familia real y ella y Bella se han conocido desde pequeñas. Poco importa cuantos compañeros de juegos más adecuados a su posición se le encontrase a Bella, Coriander nunca perdió su papel de mejor amiga. Quizás porque Coriander no es aburrida y común en absoluto, para los estándares de una princesa; o porque Bella no es miedosa ni le importa arruinarse la ropa, lo cual para los estándares de una hija de jardinero es poseer sentido común.

* * * *

Para cuando llega el cumpleaños de dieciséis de Bella ambas se han habituado a la rutina de forma más que satisfactoria. Los reyes, por su parte, han tenido tiempo de lamentar haberle ofrecido el puesto, a pesar de que la única culpa que Coriander tiene de las locuras de Bella es que resulta un público fenomenal, si en algo es cómplice es en aliviar las frecuentemente desastrosas consecuencias de los planes de su amiga.

Coriander decide utilizar el tiempo durante el cual Bella está ocupada almorzando con sus padres y no la necesita, para acercarse a la ciudad y encontrar algo que sea bonito y pueda permitirse con su sueldo. No es una tarea sencilla, porque no solamente Bella tiene todo lo que se lo ocurre pedir y bastante cosas que no pero le regalan igual, sino que Coriander pretende que su regalo sea memorable.

La vida de Bella está a punto de cambiar para siempre y Coriander no quiere dejar de ser necesaria, puede que a veces le resulte insoportable pensar que se pasará el resto de sus días con Bella y la princesa nunca corresponderá su devoción, pero si han de separarse no quiere que sea porque el afecto que Bella siente por ella ha desaparecido. Y si la princesa tiene que crecer, al menos quiere asegurarse de que no vaya a olvidarla.

Sólo que no es la adultez lo que toca a Bella sino una aguja que ni siquiera debería existir y que la sume en un profundo sueño. Coriander llega del mercado con su regalo exquisitamente envuelto y lo deja caer cuando el médico de la corte le informa que la princesa ha sucumbido al maleficio que un hada le echara el día de su nacimiento. Coriander no sabe de qué le habla y sencillamente se sienta junto a su amiga, demasiado inmóvil para estar durmiendo pero por lo demás aparentemente ilesa.

La reina no parece muy contenta de encontrarla allí pero Coriander pregunta igualmente sobre el maleficio, sin darse cuenta del riesgo que corre, demasiado acostumbrada a contar con la protección de Bella y demasiado preocupada por su bienestar para contener su lengua.

La reina, en cambio, es perfectamente consciente del cambio que implica que Bella esté durmiendo y no se contiene – “Sal de aquí, tus servicios ya no son necesarios”

¿Qué…qué?” – Coriander realmente no puede creérselo – “Sólo quiero saber si puedo ayudar…”

Puedes. Saliendo de en medio.”

“Mi señora, yo…”

Preferiría no tener que llamar a los guardias para que te sacaran pero lo haré si es necesario.” – Interrumpe la soberana fríamente.

Coriander decide que es más práctico ahorrarse la incomodidad y ahorrársela a los guardias, la mayoría de los cuales son amigos suyos.

No le toma mucho localizar a alguien que sepa del maleficio, la cocinera de la corte ya trabajaba en el castillo cuando Bella era una beba y lo recuerda: “Cuando cumpla dieciséis años se pinchará con una rueca y morirá.” Pero, le asegura a Coriander tras ayudarla a sentarse y haberle dado algo de comer para que no se desmaye, un hada buena lo cambió un poco: “No morirá, dormirá cien años, o hasta que reciba un beso de amor verdadero”

Así que sólo hay que esperar a que la bese un príncipe” – Concluye Coriander más tranquila.


Bella Despierta



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